Ganas de gritar

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Ahora mismo debería estar terminando de escribir un trabajo que llevo muy mal de tiempo, pero estoy tan cabreada que no me puedo concentrar. Y es que hoy, día internacional de la mujer, no hago más que encontrarme una y otra vez con la negativa politizada y condescendiente de mujeres suspuestamente inteligentes que se niegan a que se luche por lo que es suyo.

En más de una ocasión he podido leer hoy que les parece horrible que celebremos el 8 de marzo como borreguitos complacientes ante pequeñas concesiones del gobierno, y que celebrar este día es admitir que somos inferiores. ¿Qué coño está pasando? ¿Pensé que vivía en un país desarrollado donde la mujer había salido a la vida política?

Creo que el principal problema es de perspectiva: y es que vivimos con tal complejo de inferioridad que decir en voz alta "hoy es mi día", cuando el resto del año somos una mierda, es como ponerse una corona de princesa el día de tu cumpleaños. Y eso pasa porque realmente pensamos que ELLOS (quienquiera que sean) nos están dando a nosotras el protagonismo. Lo que no entendemos de este día es que no es algo que los hombres nos dan, es algo que NOSOTRAS DEBEMOS COGER. Porque esa es lo forma de hacernos fuerte como comunidad.

Eso mismo hizo la comunidad gay, y les salió bien. Les dieron un día de "cagalástimas", y lo convirtieron en un festival de color y orgullo real. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo? Puede que las mujeres jóvenes del primer mundo se sientan satisfechas con su trabajo extra fuera de casa y no necesitar un hombre al lado para llenar sus vidas, pero hay otras muchas mujeres que sufren el verdadero machismo, y que necesitan que demos este grito por ellas. ¿Vamos a abandonar una reivindicación más que legítima por no parecer desubicadas? Me parece el colmo del cinismo.

Me parece genial que todas seamos tan modernas que nos sintamos iguales sin tener que gritarlo a los cuatro vientos, pero la realidad es que no somos iguales a los hombres en este momento; lo único que sucede es que las desigualdades están tan incrustadas en el sistema que ni las notamos. ¿Quieres ser una cien por cien independiente y vivir al mismo nivel exacto que los hombres? Deja de esperar flores en San Valentín porque estás perpetuando un estereotipo en el que la mujer es un objeto que espera ser complacido en las relaciones. Deja de sorprenderte porque tu chico te lleve el desayuno a la cama: eso quiere decir que lo esperado es que tú te levantes y cocines para él. Deja de soñar con una boda bonita de blanco: es la mayor cristalización de la represión sexual de la mujer, la idea de que debe llegar virgen al matrimonio.

Si queremos estar ciegas ante la evidencia de los hombres no nos consideran siempre sus iguales, es una decisión como otra cualquiera. Lo que me mata del todo es que hagamos propaganda contra nuestro propio género porque ya "estamos cansados de escuchar las quejas de las mujeres débiles". Quien crea que por quejarse es débil o menos mujer, es porque tiene la suerte de vivir dentro de una zona de confort, y no lo suficiente inteligente o lo suficiente generosa como para luchar por los derechos de los demás.

No hablo de llenar globos lilas, comprar lacitos rosas o mutilar la lengua con los y las y las miembras. Hablo de ser conscientes de quiénes somos y no negarnos la oportunidad de ser visibles.

¡A la que no le guste mi opinión, que argumente! Estoy un poco harta de oír mierda hoy.

1 comentarios:

Jesus Hernandez dijo...

Tarde llego a comentar esto, y poco interesante puedo aportar yo, pero sí es cierto que, en ocasiones, la desigualdad -cuando se convierte en rutina- se incrusta no solo en la sociedad, sino también en las consciencias, tanto del grupo represor como del grupo reprimido. Una verdadera igualdad debería ser una condición de normalidad asumida, y tan palpable, tan cotidiana, que no necesitase ser celebrada, o reivindicada. No obstante, estos días a veces son recordatorios de justo lo contrario; que hay valores que no hemos asumido, y avances que, como sociedad "civilizada" no hemos realizado

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